Sigmund yo lo vivió antes.

El miedo a la muerte que surge en la melancolía se explica únicamente suponiendo que el yo se abandona a sí mismo, porque, en lugar de ser amado por el super-yo se siente perseguido y odiado por él. Vivir equivale para el yo a ser amado por el super-yo, que aparece aquí también como representante del ello. El super-yo ejerce la misma función protectora y salvadora que antes el padre y luego la Providencia o el Destino. Esta misma conclusión es deducida por el yo cuando se ve amenazado por un grave peligro, del que no cree poder salvarse con sus propios medios. Se ve abandonado por todos los poderes protectores y se deja morir. Trátase de la misma situación que constituyó la base del primer gran estado de angustia del nacimiento y de la angustia infantil; esto es, de aquella situación en la que el individuo queda separado de su madre y pierde su protección.
