141 palabras para no decir nada

Después de comer fui al baño, dejando una manzanilla en el microondas.
Estaba ocupado por mi madre, también tenía retortijones. Llenó el aire de ambientador fragancia Spa antes de cederme el trono. Ahora también tenía que preocuparme por las nauseas. Había terminado el último artículo interesante de la única revista en la que la publicidad no ocupaba el 50%.
Continué Plataforma, en los libros de Houellebecq el protagonista cincuentón y obsesionado con el sexo siempre termina encontrando alguien que le apartase de su trabajada soledad, en ese punto de giro dejaba de identificarme con el personaje y me acechaba un tremendo desconcierto, entre melancolía y esperanza.
En media hora debía salir pitando hacia la facultad para estudiar otra materia inútil.
Me entregué a mi cuerpo y mis fantasías, mientras mis padres se adormecían ante el telediario. Terminé y comencé este relato.
